El culto de Carver

Raymond CarverEl escritor estadounidense Kyle Minor compartió hace poco una interesante reflexión sobre Raymond Carver en su página de Facebook. En ella, Minor se pregunta por la predominancia del minimalismo en muchos programas de escritura creativa y del efecto, a su juicio sofocador y estéticamente homogeneizante, que ha tenido sobre generaciones de escritores en Estados Unidos. Minor lamenta que su estética sobria y contenida se haya convertido en un modelo para tanto profesor y escritor joven, y que haya inhibido la búsqueda de opciones propias.

Sin compartir dicho juicio del todo – principalmente porque nunca he estado en un taller de escritura creativa y porque los autores que prefiero leer no son habitualmente catalogados como minimalistas – sí me parece observar dicha influencia en muchos de los autores que publican su primera colección de cuentos o bien aparecen en las revistas literarias del país.  No solo eso, sino que me parece observarla en muchos escritores nuevos e incluso considerados novedosos (Tao Lin, por ejemplo), al punto que esa apuesta por la sobriedad y la contención tanto temática como lingüística los hace indistinguibles, o al menos difíciles de recordar.

No creo que las preferencias literarias de un instructor (o un departamento de literatura) puedan o deban “moldear” a un autor a tal punto que su obra se vuelva un pastiche. Estados Unidos cuenta con varios escritores que han influido desde su puesto en programas de escritura creativa y que sin embargo no han forzado en sus alumnos (o llevado a otros a forzar) una estética que emule su propia obra. Oakley Hall – autor de la novela del Oeste, Warlock, favorita de Thomas Pynchon – formó a cientos de escritores en el programa de escritura creativa de la Universidad de California, Irvine. Dos de los más conocidos son Michael Chabon y Richard Ford. El mismo Carver reconocía como uno de sus maestros al hoy olvidado John Gardner, un excelente autor cuyas teorías sobre la literatura y moral (en resumen: que la literatura debía poner a prueba los valores humanos y aspirar a la realización del hombre) lo enfrentaron a contemporáneos como Philip Roth y Saul Bellow. Ciertamente, la idea de “ficción moral” de Gardner así como el clasicismo de su propia literatura no tienen mucho que ver con el minimalismo carveriano.

CathedralEn la discusión planteada por Minor en Facebook, hice notar la influencia de Carver más allá de las letras estadounidenses, ya sea en alguna literatura hispanoamericana reciente (Bolaño lo reconoce como un modelo, pero su marca es más apreciable en autores más jóvenes) o incluso en el cómic independiente de EE. UU.  (un buen ejemplo es la obra de Adrian Tomine). También aventuré una tesis que alguna vez espero desarrollar: Carver cobró tanta influencia en la literatura estadounidense en estas últimas décadas porque su estética es, en apariencia, fácil de asimilar y porque todo escritor competente puede crear un pastiche efectivo de un cuento minimalista. Ello no resta mérito alguno a Carver, pero tampoco garantiza que el resultado esté a la altura del original, algo de por sí difícil si se adopta como propia y sin cuestionamientos una estética ajena.

Por otro lado, el minimalismo meramente formal, imitativo, superficial, el que bebe de mala manera de Carver, deriva en una sintaxis cautelosa, una literatura opaca, una representación atomizada del hombre que comienza y termina en la cotidianidad, y una visión de mundo que si no es conservadora, al menos es despolitizada. Es decir, no hay mejor literatura para una sociedad cuyo sistema político fomenta la desmovilización y la despolitización que el minimalismo degradado de los malos imitadores de Carver. Según mi tesis, ello explicaría al menos en parte su aceptación tan amplia en la academia y entre los escritores formados en ella.

Puede que esté completamente equivocado, pero la idea me parece lo suficientemente provocadora como para seguir indagando. Por cierto, es probable que solo sea provocadora para mí. Mi comentario no generó reacción alguna entre quienes debatían acerca de la reflexión de Minor en Facebook. De hecho, solo Minor tuvo la gentileza de poner un “like” bajo mi intervención.

En fin, después de este preámbulo, comparto la reflexión de Kyle Minor sobre Carver. Me tomé algunas libertades con la traducción para hacerla más legible, pero me parece que mantiene la integridad del argumento. Para los que prefieran, pueden leer el texto en inglés más abajo:

Raymond Carver dibujo“He llegado a pensar en la influencia de Raymond Carver como algo en definitiva destructivo para la ficción estadounidense. Sí, escribió algunos grandes cuentos – Catedral y Una pequeña cosa buena y El mandado, por nombrar algunos. Pero su directriz – nada de trucos – y su proyecto más amplio – por favor, nada de heroísmos – me parecen, a la distancia, haber sido máquinas perfectamente diseñadas para despojar a la ficción estadounidense de algunos de los mejores recursos disponibles para sus escritores – la conciencia en su plenitud, el lenguaje en su plenitud, la totalidad del espectro de tropos retóricos, la herencia completa del modernismo, todo el rango de puntos de vista disponibles, toda la inteligencia, la mente que piensa en forma abstracta y ensaya y dialoga detenidamente con la memoria, el gran poder del tiempo que no solamente es el tiempo presente.

Creo que una generación completa de escritores maximalistas estadounidenses muy interesantes fue innecesariamente marginada a raíz del culto a Carver, y que una generación completa de escritores estadounidenses que pudieron ser más interesantes mutaron su potencial y su ambición para plegarse a lo que estaba de moda. Se puede ver en la obra más reciente de algunos de estos escritores (y también en parte de la obra tardía de Carver, en cierta medida), un esfuerzo urgente en contra de estas fastidiosas restricciones. Los mejores escritores de esa época, para mi gusto, eran aquellos escritores que siguieron su propio camino en vez de seguir a lo que estaba de moda. Probablemente siempre haya sido igual, pero dado que el auge de Carver coincidió con el gran crecimiento del número de programas de escritura creativa, sus imitadores se encontraban en el lugar indicado y en el momento indicado para conseguirse un trabajo vitalicio de profesor e impartir sus limitantes consejos a estudiantes como si fueran palabra revelada.

Creo que esos tiempos se están yendo rápidamente, pero hay algo que vale la pena apuntar: la literatura no se nutre del pensamiento grupal, de la moda, del que todos hagan lo mismo, de las prescripciones hechas para reducir y erigir muros en torno a la práctica, en vez de abrirla a mayores posibilidades. La literatura se nutre de maestros y lectores que leen ampliamente, piensan ampliamente, intentan comprender las fortalezas y debilidades de los elementos que constituyen los cuentos, poemas y libros, intentan absorber todas las tradiciones en competencia, y luego tratan de convertirlas en algo singular, de convertir lo viejo en nuevo y lo nuevo en nuevo, y principalmente adoptar una postura de apertura fundamental en asuntos de forma, lenguaje, tradición y género, para servir y quizás iluminar cualquier visión que el cuento o el autor pueda estar buscando en la penumbra”.

Y la versión en inglés:

I have come to think of Raymond Carver’s ascendancy as ultimately a destructive thing for American fiction. He did write some really great stories — Cathedral and A Good Small, Thing and Errand, to name just a few. But his directive — no tricks — and his broader project — No Heroics, Please — seem in retrospect to have been perfectly designed machines to rob American fiction writing of the best resources available to its writers — consciousness in its fullness, language in its fullness, the whole broad spectrum of rhetorical tropes, the full inheritances of modernism, the full range of available points of view, the whole of the intelligence, the mind that thinks abstractly and essays and reckons at length with memory, the great power of time that isn’t just present time.

I think that a whole generation of very interesting American maximalist writers were needlessly marginalized because of the cult of Carver, and that a whole generation of American writers who could have been more interesting muted their potential and their ambition in order to join what was fashionable. You can see in the later work of some of these writers (and in some of Carver’s later work, to some extent, as well), an urgent straining against these chafing constrictions. The better writers of that era, to my taste, were those writers who chased their own thing rather than chasing after what was fashionable. Probably that’s always how it is, but because Carver’s rise coincided with the great expansion in the number of creative writing programs, his imitators were at the right place at the right time to find lifelong teaching jobs, and pass along corresponding limiting advice to students as though it were gospel.

I think that time is quickly passing, but here’s a thing worth noting: Literature isn’t nourished by groupthink, by fashionability, by everyone doing the same thing, by prescriptions meant to reduce and build walls around practice rather than to open things up in the direction of possibility. Literature is nourished by teachers and writers and readers who read broadly, think broadly, try to understand the inherent strengths and weaknesses of all the elements from which stories and poems and books are made, try to absorb all the competing traditions, and then try to stretch out, every one, into something singular, to make new from old and new from new, and most of all to take a posture of fundamental openness toward questions of form, language, tradition, and genre, in order to serve and maybe light whatever vision the story or the storyteller might be chasing in the near dark.


raymond carver comic

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Una respuesta a El culto de Carver

  1. Muy interesante el post, gracias. Últimamente he estado reflexionando sobre el estilo de Raymond Carver y sobre su idea de literatura sin trucos y sin lenguaje enrevesado, más que nada porque tiendo hacia lo contrario. La verdad es que también he pensado que lo opuesto, la literatura “posmoderna”, llena de metaficción y referencias culturales, ha sido otro exceso que se ha venido cometiendo en estos días, y que de algún modo le ha restado una transcendencia que hacía a la literatura poderosa; esa sensación inexplicable al leer a Faulkner o a O’Connor -ambos, escritores admirados por Carver- de llegar a una cierta revelación que no podemos entender del todo, pero que está ahí, simplemente por la ficción. Creo que esa sensación de grandeza de la literatura se ha perdido con ello en una especie de sensación de juego que, por otra parte, también resulta agradable a veces. Mi idea es que en literatura nunca hay un camino correcto, que hay mil maneras de componer, trabajar o expresarse sin que una sea mejor que otra. Y ahí viene mi segunda preocupación, que también expresas en este post: ¿cuál es el camino correcto para aprender a escribir? ¿hay manera de incentivar a otros sin imponer nuestros caminos? ¿se puede aprender de otros sin que nuestro estilo se pervierta? ¿hay una manera estándar de concebir un estilo como correcto o fallido?

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