Vidas sin contexto

Montana stars, foto de Trevor Hayes

(Tomado de la autobiografía de Alfred Bertram Guthrie, Jr., ganador del Premio Pulitzer de Literatura en 1950)

“- Vidas sin contexto,- dijo alguna vez Jake Vincour. (…)

Nos sentamos sobre el pasto en mi hogar en las montañas, bajo estrellas cercanas, y alrededor y a lo lejos estaban las luces y las sombras de una noche de Montana. Era una hora sin viento. Incluso los álamos aledaños se erguían despreocupados, dormidos sin pies. En alguna colina lejana un coyote cantaba profundizando el silencio. Y me pareció que Jake había resumido todo lo que habíamos hablado en tres palabras.

Era una buena ocasión, pensé, esta ocasión de silencio y observación, esta rara ocasión de unión perceptible con el universo, estos minutos escapados de un reloj. Adelante y atrás, primero y último, venir y haber ido y venido, ¿qué eran todas esas cosas? El pasado y el futuro y ahora, donde ahora ya no era ahora, porque dejó de serlo al ser pensado, bajo las estrellas eternas que puede que también se encontraran bajo sentencia de muerte. El tiempo era intemporal y, por lógica, entonces era nada, la gran nada que era el todo lo que era la nada.

Minutos, horas, días, siglos, no eran más que nombres, inventos humanos para marcar el movimiento de una hoja y el vaivén de soles distantes. En la intemporalidad existían los muertos y los vivos y los que no han nacido, todos en un contexto que Jake pudo o no intentar sugerir.”

— A. B. Guthrie, Jr., The Blue Hen´s Chick (1965)

Y aquí el texto original:

“Lives without context,’ Jake Vinocur once said.  (…)

“We sat on the grass at my mountain home, under close stars, and around and away were the lights and shadows of a Montana night.  It was an hour of no wind.  Even the nearby aspens stood unworried, asleep without feet.  On some far hill a coyote sang deepening silence.  And it seemed to me that Jake had put into three words all we had spoken.’

“This time was good, I thought, this time of silence and seeing, this rare time of felt union with the universe, these minutes escaped from a clock.  Ahead and behind, first and last, to come and have come and gone–what were they?  The past and the future and now, where wasn’t now now, because it slid back in the thought of it, under eternal stars that might be under death sentences, too.  Time was timeless and, by logic, then nothing, the great nothing that was the everything that was nothing.’

“Minutes, days, months, years, centuries–they were no more than names, human inventions to mark the turn of a leaf and the swing of far suns.  In timelessness existed the dead and the quick and the unborn, all in context that Jake may or may not have meant to suggest.”

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